domingo, 23 de noviembre de 2014

El poder del abrazo

Un abrazo es cálido, suave y reconfortante. Según la intensidad con que lo des, puedes hasta sentir los latidos de la otra persona en tu propio pecho. Poco a poco la respiración de los dos se va sincronizando, al compás de 2/4: 1, 2, 1, 2...

El abrazo es compartido, es recíproco, tranquilizador y sincero. Eres totalmente consciente de lo que te ofrece la otra persona cuando te abraza. Mientras más tiempo pases en esa postura, siempre y cuando la complicidad con la otra persona lo permita (con poca confianza un abrazo de más de 5 segundos puede terminar siendo cuanto menos incómodo) más vas advirtiendo otras sensaciones a tu alrededor, el olor de la otra persona, la temperatura corporal, el tacto de su piel. Cerrar los ojos y dejarse llevar en las sensaciones de paz que suscita el abrazo, acompañarlo de una caricia, que se te pongan los vellos de punta. Ronronear.


Dicen los expertos, que el abrazo sube la autoestima, baja la presión arterial, propicia la segregación de oxitocina y reduce la segregación de cortisol, una hormona que se produce en el organismo ante situaciones estresantes. No sé qué más argumentos darte para que empieces a practicarlo, en cualquier momento del día, en cualquier parte. 

Apto para todos los públicos.



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