Alicia era diferente a las demás estrellas. Siendo muy pequeña aún, su madre la llevó al reparador de luceros, y éste, no sin pesar, le dijo a Renata que su hija sufría una muy grave enfermedad, cuya cura aún no se había descubierto: había nacido con el corazón y el cerebro fuera de su cuerpo, y eso le hacía estar loca de atar.
A pesar de este mal, Alicia logró acabar sus estudios y aprendió a vivir sin la protección de sus padres.
Rogelio Carbones, se pasaba todo el día transportando oxígeno desde la fuente donde brotaba, hasta los distintos planetas recientemente habitados. Él mismo participó siglos atrás, en el descubrimiento de tan maravillosa fuente, y aún a diario le felicitaban por tal hazaña cuantos se cruzaban en su camino.
Renata en cambio, debía permanecer siempre en el mismo lugar, siempre brillante, para que los cosmonautas no perdieran su rumbo. Era una labor importantísima, pues así dirigía el tráfico espacial.
Cuando cumplió la mayoría de edad, los 180 años, Alicia se despidió de sus padres y se fue a vivir al planeta del sol, donde le habían dicho que podría encontrar su cura.
El mal de Alicia le hacía estar todo el día corriendo. Corría Alicia detrás de su corazón, para que no se le escapara, mientras que su mente corría detrás de ella. ¡Peculiar trío formaban! Todo el día corriendo de aquí para allá, Alicia aprovechó para hacer de ello su profesión. Regaba la semilla de los niños sin alma y estos volvían a brotar.
Iba corriendo detrás de su corazón, por los lugares que éste le indicaba, a través de los amarillos pastos de tan peculiar planeta, y a su paso dejaba un río arcoíris que servía a su cerebro para deslizarse hasta ella.
Evidentemente, en el planeta Sol siempre era de día, así pues, cuando Alicia quería descansar, se hinchaba como un globo y flotando llegaba hasta el espacio. Permanecía allí unas horas, serena, impasible, sin correr, sin perseguir a su corazón, sin ser perseguida por su cerebro. Mientras tanto, cientos de kilómetros más abajo, se producía un hecho que Alicia desconocía: su mente y su corazón se encontraban y yacían juntos y enamorados.
Cuando Alicia había descansado, se deshinchaba y volvía lentamente al planeta. Esto daba tiempo a la pareja para despedirse y retomar la marcha, hasta la próxima vez que Alicia se volviera a suspender.

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