Érase una vez un señor llamado Ante Merídiem. Ante vivía en un planeta llamado Mexijstan, donde los hombres se echaban la siesta bajo la sombra de un gran árbol, de ahí le venía su pasión por dormir. Dormir era para él el mayor placer en esta vida, aunque como todas las cosas buenas, para disfrutarla, no podía hacerlo todo el tiempo.
Un buen día, el señor Merídiem decidió coger su nave espacial y conocer otros planetas, así llegó a Cantabristan. Allí le recibió directamente el Rey Booty, quien le permitió quedarse a cambio de realizar una misión secreta, cuidar de dos niñas huérfanas, Aras y Aniri, que necesitaban un profesor que les enseñara a volar. Como la misión era secreta, le encargaron el trabajo oficial de validar camas para los demás, algo que a Ante no le atraía demasiado, pues él prefería dormir en su propia cama.
La misión parecía sencilla, pues las huérfanas eran unas chicas muy listas y aprendían rápido. Un lunes temprano, Alebasi apareció por el Monte donde estaban haciendo los entrenamientos, y se sentó en un banco a observar la escena. Ante, que la vio muy sola, le ofreció participar con ellos, aunque no fuera parte de su trabajo, y desde entonces cada mañana se reunían los cuatro para dar la valiosa clase.
Pero como en toda historia que se precie, en ésta también había un malo malísimo, Putin. Putin, iba de un lado para otro ideando la forma de cortarles las alas a las tres niñas, de forma que nunca aprendieran a volar. Tenía poderes especiales, unos rayos X que le permitían ver más allá de lo que cualquier ojo era capaz. Veía las ideas de la gente. Así, siempre acababa adelantándose a los planes de Ante y las tres niñas, pues conocía sus pensamientos.
Después de muchos enfrentamientos, el señor Merídiem dio con la manera de vencer a tan temible enemigo, los cuatro pensarían con fuerza en otro lugar para despistarle y poder continuar con el vuelo. El plan funcionó a la perfección, las niñas poco a poco fueron capaces de ir volando.
Cuando el Rey Booty vio los progresos realizados, consideró que la misión estaba completada y liberó a Ante de la misma, de manera que podría ir y venir de Cantabristan cuando gustase. El señor Medídiem permaneció unos meses más en aquel planeta, pues quería estar seguro de que las niñas fueran capaces de volar fuera del alcance de Putin. Cuando lo hubo hecho, comprendió que era el momento de continuar su viaje, en busca de nuevas misiones. Se despidió, no sin pena, de todos y sacó del garaje su vieja nave espacial. Esta vez el trayecto sería más corto, el destino era Londristán, un planeta donde todo iba al revés.
Mil y una aventuras aguardaban a Ante en su nuevo destino, espero de corazón que todas fantásticas y divertidas.
Cuídese señor AM.

En su nueva aventura Ante Merídiem pidió nuevas alumnas, pero parece que en Londristán todos saben volar.
ResponderEliminarCuando quieras puedes visitarlo en sus nuevas aventuras. Se alegrará.
Gracias por la entrada, Alebasi.
Cuídese también, señorita.
Un beso