Si yo fuera un gato y tuviera 7 vidas, probablemente en la primera me equivocaría en todo. Lo haría todo al revés y tomaría las decisiones más osadas, sin pensarlas una segunda vez. Porque como dice mi abuela, "nadie escarmienta en cabeza ajena", así pues, aprendería de los errores que cometí en mi primera vida para no volver a repetirlos en las siguientes.
En mi segunda vida, me dedicaría a acumular conocimientos, estudiaría mil carreras y aprendería otros tantos idiomas. Ruso, porque así podría comprender a las espías que tenemos entre nosotros ;). También chino, y a mi madre la dejaría con la boca abierta; italiano, porque hasta los insultos con ese acentillo suenan bonitos; y japonés, hindi y alemán, sólo porque sí. Volvería a hacer mi carrera, pero también estudiaría psicología, porque siempre me han atraído los misterios de la mente; matemáticas, para quitarme la espinita; y probablemente arquitectura, porque me parece una carrera preciosa.
Entre tanto estudio sacaría tiempo para aprender a tocar algún instrumento, el primero, la flauta dulce, para que Lola deje de tener remordimientos por no haber conseguido enseñarme; la guitarra, por mi chesco que un día se atrevió a enseñarme tres acordes; y el piano, que siempre me ha parecido alucinante.
En mi tercera vida me dedicaría a trabajar duro. Sería una workaholic y me acabaría convirtiendo en una gurú de las finanzas, habiéndome demostrado a mí misma que querer es poder, y que se puede subir siguiendo tus principios y sin tener que "pactar" (para llevarle la contraria a Javier, mi amigo y coach personal :)). También acumularía dinero suficiente para no tener que trabajar más en mis futuras vidas gatunas.
La cuarta la pasaría viajando por todo el mundo. Sin tener un rumbo claro, me detendría en aquellos rincones con encanto especial, conociendo culturas diferentes, degustando comidas de todos los países y descubriendo sabores intensos, picantes, dulces y amargos. También practicaría los deportes más populares de cada territorio, bucearía en Maldivas, correría la maratón de NY, haría alpinismo en el Himalaya, esquí en los Alpes y parapente en Algodonales...
En mi siguiente existencia meditaría. Me retiraría del mundo en un templo budista, recapacitaría sobre lo que he visto y aprendido, y me dedicaría a ayudar a los demás.
En mi sexta vida tendría una gran familia, por lo menos 10 hijos y 100 nietos, aprendería a coser jerseycitos en tonos pastel, contaría cuentos increíbles sobre viajes exóticos y mil aventuras, y cocinaría las recetas que aprendí en otra vida. Disfrutaría de mis hijos y después de los hijos de mis hijos, viviría sin estrés y en paz hasta que me llegara el final de mi penúltima vida, rodeada de los míos.
La última vida la dedicaría a escribir sobre las 6 anteriores.
Pero sólo tengo una. Y tengo que disfrutarla con las personas que quiero y luchar por lo que me importa, todo ello en una. Por eso hay que aprender rápido de los errores, rectificar y pedir perdón a tiempo. Estudiar y seguir creciendo el resto de la vida. Esforzarse en lo personal y también en lo profesional y, sobre todo, hacer que cada minuto cuente.

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