sábado, 6 de marzo de 2010

Meteopática

El día había amanecido despejado. Clara se asomó a la ventana y supo que tenía que salir de casa cuanto antes, no quería perder ni un minuto de luz. Hacía semanas que no paraba de llover y hoy por fin el tiempo había dado una tregua.
Se colocó sus botas y salió corriendo del apartamento. Como venía siendo costumbre, se abrigó por el camino mientras la sensación de frío iba calando por su cuerpo. Paró en la cafetería de la esquina y pidió café para llevar, entonces sintió que no le faltaba nada para disfrutar de un día así.
Fue directa al parque, su parque. Caminaba dando pequeños sorbos al café, aun estaba demasiado caliente. Apretó las manos alrededor del vaso de papel para calentarlas.
Una vez allí, caminaba observando a la gente con la que se cruzaba mientras imaginaba historias sobre la vida de cada uno… Le gustaba intentar adivinar sus profesiones, su vida familiar, los pensamientos de aquel ese instante... Probablemente aquel chico había discutido con su novia, esa otra estaba esperando a unas amigas, y esa señora añoraba a su marido, al que había perdido hacía unos años…
Seguía caminando. Viendo a los niños más pequeños jugar, la cosa era más fácil, simplemente eran felices, sin ningún tipo de preocupación ni remordimientos.
Por fin llegó a su rincón especial. Se sentó sobre el césped que cubría el suelo, sin importarle que estuviera húmedo por la lluvia de los últimos días, y contempló el lago. El sol centelleaba sobre el agua. Barcas intermitentes rondaban de un lado a otro rompiendo la quietud de la zona. Clara cerró los ojos y se dejó envolver por una sensación de paz absoluta. Ya no existía ningún problema, no podría recordar, por más que lo intentase, nada que le perturbase ese momento de calma. Sentía el sol rozando sus mejillas. No era una sensación de calor, era más bien como si él se acercase a besarle y parase a pocos centímetros de su piel, podría sentir la pasión de la otra persona transformándose en calor. Sonreía. Sus labios dibujaban una media luna en su cara.
Había llegado el momento de volar.
Se recostó sobre la hierba aún húmeda de los días anteriores. No importaba nada. El sol había salido...
Conectó los auriculares de su ipod, y la medicina comenzó a sonar.
Pese al frío invierno, el sol calentaba su ropa. Se quitó los zapatos y acarició el césped con sus pies.
La media sonrisa seguía en su cara. No sonreía para nadie. No esperaba que le estuviesen mirando, así que simplemente lo hacía.
Cerró los ojos. Respiró hondo. Entonces dejó escapar un suave ronroneo. Puro placer.
Permaneció en esa postura el tiempo suficiente para que la energía fluyera de la Tierra a ella, y de ella a la Tierra.
Cuando se supo satisfecha, se incorporó ligeramente, flexionó las rodillas y apoyó la cabeza sobre ellas. Con los brazos rodeó sus piernas.
Miró a su alrededor y vio pequeños gorriones dando saltitos de aquí para allá, comiendo las semillas que encontraban en el suelo.
Parecía bailar al ritmo de la música. Clara no se movió y ellos permanecieron impasibles a su presencia.
El sol comenzaba a descender y la temperatura bajaba. Tocó sus calcetines con la punta de los dedos y notó los pies calados. Era el momento de irse.
Quizás mañana el sol volvía a salir.
Quizás mañana podría volver a encontrarse a sí misma. Justo allí, en su parque, en su rincón.

2 comentarios:

  1. ¡Muy bonito! :-) Pero la parte de quitarse los zapatos ¡¡¡da mucho frío!!!

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  2. que te gusta un cafe takeaway y un retiro..

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