Sevillana en Madrid, madrileña en Sevilla. Bética de nacimiento, atlética de adopción. Llevo el mar en las retinas y la música en el corazón
viernes, 26 de marzo de 2010
Un viaje freudiano
lunes, 22 de marzo de 2010
Mi Decálogo para pasar de la más absoluta oscuridad, a la luz más radiante
domingo, 14 de marzo de 2010
Grimhilde
Maldad. Todos hemos sido malos alguna vez. Puede que algunos por ambición, otros por aburrimiento de sus propias vidas, pero todos en general por las circunstancias que nos rodean. No creo que haya nadie 100% bueno o malo. Aquí no existe el blanco o negro.
Si bien es cierto que puedes estar demasiado tiempo en el lado oscuro, pero eso es porque algo va mal en tu vida, aunque no lo sepas. Yo hasta hace poco me consideraba mala persona (tampoco es que ahora sea la madre Teresa de Calcuta, pero sí soy más optimista). Por entonces no sentía que tuviera una vida plena, no era del todo feliz, y puteaba a las personas que tenía más cerca. A todas ellas, lo siento. No era yo. Por más que me dijera a mí misma “no me voy a enfadar, no me voy a enfadar”, cuando llegaba el momento clave, se producía una especie de cortocircuito en mi cabeza, y Mr Hyde se apoderaba de mí. Entonces ya no había quién me detuviera. A la otra persona solo le quedaba capear el temporal y esperar a que el sol volviera a salir.
De pequeña también fui mala alguna que otra vez. Con 7 añitos me dejaron bajo el cuidado de mi muchacha Luisa. Era verano en Sevilla, a eso de las 2 de la tarde. Por algún motivo me enfadé mucho con ella y como de luces la tal Luisa no andaba muy bien, la encerré en la terraza durante unas horitas, y me senté a ver como chillaba a través de la puerta de cristal. Un poco japuta, sí.
El caso es que ahora que he cambiado, puedo ver las cosas desde fuera y aprender de los errores. Y gran parte de la culpa de ese cambio la tiene mi soldado, que ha estado a mi lado cruzando el Amazonas, con el agua por la cintura, el fusil levantado y las pirañas comiéndonos los tobillos; en Saigón también estuvimos juntos cuando fuimos apresados por el Viet Cong, allí tuvimos muchas bajas, pero finalmente sobrevivimos. Aunque mejor será que no me pierda contando viejas batallas.
No creo por tanto que la maldad sea un estado permanente, sino circunstancial, pero aún así se hace daño a otras personas. Desde aquí le digo a mi compi que está aguantando a una hija de Satanás que sea fuerte, y que si lo necesita aquí tiene a una teniente y a su pelotón dispuestos para la guerra en el momento en que dé la señal.
Así que ya sabéis, si alguna vez os encontráis con alguien así, es que algo no va bien en su vida. Y si no podéis hacer nada al respecto quizás os venga bien probar con un poco de chocolate (para endulzarles un poco la vida), un abrazo a tiempo (es importante que sea a tiempo ya que sino puede cargar aún más el azote de la ira), y sobre todo mucha paciencia (o un tiro en la cabeza y salvar al mundo del dragón).
